lunes, 30 de julio de 2007

Autobiografía


Dolores pendencieros a violencia espiritual
pretendientes de jaquecas y de mal estomacal
del de todos los señores y feudales prepotentes
del de todos los caminos transitados por las mentes.

Paraísos terrenales se encuentran en alejar
aunque sean instantes rápidos para apartar
nuestro cuerpo, tan terreno, de la vida terrenal,
nuestra alma, tan ingrata, del instante más fluvial.

La esperanza ya marchita en la flor de la ignominia
de la estirpe de los días; la tertulia repetida,
ya no clama, por su asfixia, y su vista destruida
impide la visión de prevenir la repetida agonía.

Las afrentas más constantes no son con la sociedad,
son con la tristeza, el pesar, corrupción y soledad,
son con este aire que ya cala respirar,
es con la luna que, en vergüenza, ya me cala hasta mirar.

Y al mirar a las personas que suponen de rodear
corazón, cuerpo y alma, reducción de situación,
esporádica y constante, sin contar con solución,
sin contar con un clamor, decimal a redondear.

Gritos y alaridos que despiertan situaciones
ridículas, torpes, como el pan de aquellas noches
cuando lo que resaltaba nunca era la levadura
sino la razón y, ante todo, la cordura.

En los bailes somnolientos, tan risueños y revueltos,
ahora se encuentra un cielo que asemeja mucho a infierno;
hubo una vez, noches de estrellas con amores infinitos
pero tormentosas noches me impiden aquel cielo tierno.

La heroína está en el cielo y el éxtasis en el sexo,
el orgasmo en los abrazos y el volar están en los besos;
el derrame de mi cuerpo se produce en los cerezos
y a limpiar el paladar con un vino como anexo.

Resaltantes estadías de amoríos tan lejanos
¿qué decir de amoríos? ¡de estrellas fulgidas!
y ese brillo en el camino que parece repetirnos
“Yo siempre estoy contigo” en palabras encogidas.

Y la luz de aquella estrella que me alumbra en el camino,
aunque se que no la veo, se también que está conmigo,
y aunque se que no la siento, se su amor mi sangre y vino
porque fluye por mis venas y me embriaga los sentidos.

Porque en estas grises noches y en estos tan negros días,
porque en la apatía yo entiendo que es mi alma tan podrida,
porque en el dolor yo se que es mi corazón de espinas,



porque en mi canción, yo se que, aunque duela… es mi vida





Jesús Herrera





Mayo 29, 2007

Bolígrafo viajero

Es solo un espacio para recurrir al contrabando de las palabras tan sonor como sordas, tan ridículas como inocentes son los cantos gregorianos y las canciones de cuna de la inocencia perdida... solo por disfrutar y desgraciar la vida.